Antes de que el iPhone y Android se adueñaran de nuestros bolsillos, hubo un aparato pequeño, gris y silencioso que enseñó a millones de personas a confiar su agenda, sus contactos y sus notas a una pantalla. Ese aparato funcionaba con Palm OS, un sistema operativo que durante más de una década marcó lo que era la informática portátil.
Los orígenes: Jeff Hawkins y Palm Computing
Todo arranca en 1992, cuando el inventor estadounidense Jeff Hawkins fundó Palm Computing, Inc., una empresa dedicada al software para los primeros asistentes digitales personales (PDA). Después de trabajar en el malogrado dispositivo Zoomer, Hawkins se llevó una lección que lo cambiaría todo: resulta más fácil enseñar a la gente a escribir de una forma algo distinta que enseñar a los ordenadores a entender la caligrafía libre.
En 1995 Palm se fusionó con U.S. Robotics y Hawkins se puso al frente del desarrollo de un sistema operativo propio para su nueva línea de dispositivos.
El PalmPilot y el nacimiento de un fenómeno
El 10 de marzo de 1996 llegaron al mercado el PalmPilot 1000 y el PalmPilot 5000, las primeras PDA que ejecutaban Palm OS 1.0. Tenían una pantalla monocroma de 160 × 160 píxeles y una zona específica para escribir con un lápiz óptico (stylus).
El éxito fue arrollador. La fiabilidad y la sencillez del sistema dispararon su adopción: en 1998 ya se había superado el millón de unidades vendidas, con más del 70 % del mercado estadounidense de PDA. Un detalle curioso: el nombre original era simplemente Pilot, pero una demanda de la empresa Pilot Pen Corporation obligó a rebautizarlo como PalmPilot y, más adelante, sencillamente Palm.
Graffiti: aprender a escribir para la máquina
La gran novedad de Palm OS fue Graffiti, su sistema de reconocimiento de escritura. En vez de descifrar cualquier caligrafía, Graffiti le pedía al usuario un pequeño esfuerzo: aprender un alfabeto simplificado de trazos únicos. A cambio, ofrecía una velocidad y una precisión asombrosas para la época.
Graffiti también dejó una historia legal curiosa. Xerox tenía la patente de un sistema de entrada llamado “Unistroke”, desarrollado en su mítico centro Xerox PARC, y demandó a Palm por infracción. Por eso, en 2003 Palm sacó Graffiti 2, basado en la tecnología Jot de Communication Intelligence Corporation, con trazos más parecidos a la escritura natural.
Las versiones clave de Palm OS
El sistema evolucionó deprisa. Palm OS 2.0 (1997) añadió redes TCP/IP y retroiluminación. Palm OS 3.0 trajo mejoras de pantalla y nuevas capacidades. El salto grande llegó con Palm OS 5.0, que la filial PalmSource presentó en junio de 2002 y estrenó el Palm Tungsten T: por fin se basaba en procesadores ARM, lo que abría la puerta al color, el sonido y mucha más potencia.
Después llegaron dos ramas con nombres de gemas:
- Palm OS Garnet (5.4), que añadió Bluetooth y resoluciones de hasta 480 × 320 píxeles, y debutó en el Treo 650 en 2004.
- Palm OS Cobalt (6.0), presentado en 2004 y basado en parte en el BeOS que Palm había comprado. Aportaba multitarea real y protección de memoria, pero nunca convenció a los fabricantes y casi no llegó a dispositivos comerciales.
El ocaso y el salto a webOS
A mediados de los 2000 las cosas cambiaron. ACCESS compró la tecnología y la rebautizó como Garnet OS, mientras Palm, Inc. apostaba por un camino nuevo. En enero de 2009 la compañía presentó webOS, un sistema basado en Linux y tecnologías web que estrenó el elegante Palm Pre. Era el adiós definitivo al Palm OS clásico.
El legado, eso sí, sigue ahí. Ideas como la sincronización con el PC con un solo botón (el famoso HotSync), las interfaces táctiles centradas en tareas y la idea de un ordenador personal de verdad de bolsillo allanaron el camino a los smartphones modernos.
Un lugar en la historia de la informática
Palm OS pertenece a esa estirpe de sistemas que marcaron una época y luego pasaron el testigo, como hicieron NeXTSTEP, BeOS —cuyo espíritu revive hoy en Haiku— o el longevo QNX en el mundo embebido. Frente a rivales como Windows en su variante CE, Palm demostró que menos podía ser más: una máquina sencilla, rápida y enfocada se ganaba el corazón de millones de usuarios. Hoy su recuerdo vive en emuladores y en la memoria de toda una generación que aprendió a escribir con trazos.
