Durante los años 80 y 90, el mundo del PC parecía condenado a girar siempre alrededor de Microsoft. Y sin embargo hubo un sistema operativo que durante un tiempo fue técnicamente mejor que MS-DOS y que estuvo a punto de cambiar la historia de la informática personal. Se llamaba DR-DOS, y su recorrido es de los más apasionantes (y polémicos) de toda la era de las líneas de comandos.
Los orígenes: Digital Research y Gary Kildall
DR-DOS nació en 1988 de la mano de Digital Research, Inc., la empresa que fundó Gary A. Kildall. Y Kildall no era cualquiera: había escrito CP/M, el sistema que dominó los microordenadores de 8 bits antes de que llegara el IBM PC. La historia cuenta que IBM acudió primero a Digital Research para su nuevo ordenador, pero las negociaciones fracasaron y la compañía acabó eligiendo a Microsoft, que entregó el famoso PC-DOS. Aquel desencuentro marcó para siempre la rivalidad entre las dos empresas.
Con DR-DOS, Digital Research buscaba revancha: un sistema totalmente compatible con MS-DOS y PC DOS, pero con mejores prestaciones. De hecho, DR-DOS venía técnicamente de Concurrent PC DOS, así que partía de una base sólida y madura.
Las versiones clave
La primera versión, de 1988, se numeró como 3.31 a propósito, para igualar la que entonces tenía MS-DOS. El golpe de verdad llegó en 1990 con DR DOS 5.0, la primera que se vendió en tiendas al gran público. Fue un éxito de crítica y convirtió a DR-DOS en el principal rival de Microsoft. Traía ViewMAX (una interfaz gráfica sencilla), la gestión avanzada de memoria MemoryMAX, caché de disco, la herramienta de ahorro de energía BatteryMAX para portátiles y utilidades de transferencia de archivos. Microsoft tardó más de un año en responder con su propia versión 5.0.
En 1991 llegó DR DOS 6.0, que añadió TASKMAX, un conmutador de tareas compatible con el API estándar de la industria. Conviene matizarlo: el Multiuser DOS de Digital Research ejecutaba aplicaciones en máquinas virtuales con multitarea apropiativa, pero el conmutador de DR DOS 6.0 se limitaba a congelar las aplicaciones en segundo plano hasta que las volvías a traer al primer plano. Aun así, para la época era una función muy avanzada.
Ese mismo 1991, Novell compró Digital Research, y la siguiente versión salió en 1994 como Novell DOS 7.0, que esta vez sí incorporaba multitarea real y soporte de red. Más tarde, en 1996, Novell vendió la línea de productos a Caldera, que andaba buscando un DOS para acompañar a su distribución OpenLinux. Bajo Caldera el sistema se publicó en parte como código abierto y, durante un breve periodo, con el nombre OpenDOS. La última versión de escritorio, Caldera DR-DOS 7.03, salió en 1999.
El escándalo del código AARD
La anécdota más sonada de toda esta historia tiene que ver con el juego sucio. Las betas de Windows 3.1 incluían un trozo de código conocido como AARD code que comprobaba si el sistema operativo de debajo era DR-DOS en vez de MS-DOS. Cuando lo detectaba, soltaba un críptico mensaje de error: “Error no fatal detectado… Pulse Intro para salir o C para continuar”. El mensaje era completamente falso, porque Windows funcionaba perfectamente sobre DR-DOS, pero Microsoft sembraba la duda para asustar a los usuarios.
Cuando Caldera se hizo con DR-DOS, demandó a Microsoft en 1996 por crear incompatibilidades deliberadas, generar mensajes de error falsos y bloquear a los desarrolladores de DR-DOS el acceso al código beta de Windows 3.1. El caso nunca llegó a juicio: el 7 de enero de 2000 Microsoft pactó un acuerdo extrajudicial. La cifra se mantuvo en secreto hasta 2009, cuando se supo que habían sido 280 millones de dólares.
El legado de DR-DOS
DR-DOS demuestra que la mejor tecnología no siempre gana en el mercado. Su gestión de memoria, su interfaz y sus utilidades obligaron a Microsoft a mejorar MS-DOS a marchas forzadas, y de eso salieron beneficiados todos los usuarios. Hoy los entusiastas del software libre tienen una alternativa abierta en FreeDOS, que mantiene viva la llama de la línea de comandos. Y aunque DR-DOS acabó después en manos de fabricantes de sistemas embebidos, su recuerdo perdura como el de un competidor valiente que se atrevió a plantar cara al gigante.
